Las chicas jugando contra Huracán.  

Son las 19:30 y el frío aprieta en el Polideportivo Gorki Grana. De a poco, mujeres abrigadas hasta la cabeza van llegando y se meten en el vestuario. Unas cabalgan pequeñas motitos, otras pedalean viejas bicicletas y alguna que otra afortunada baja de un auto: tiene  un marido o un novio comprensivo, que entiende su pasión por el fútbol. Sí, son las jugadoras de la Primera División del Club Deportivo Morón, que compiten en el torneo de la AFA. Como Spíndola o Peratta, pero con un perfil que combina rouge con botines.
“Hacemos  fútbol femenino desde hace tres años, ahora comenzó la quinta temporada”, cuenta Fernando Saavedra, vocal titular del Gallito y encargado de la actividad por mandato de la Comisión. Las chicas lo saludan, le hacen bromas y él responde con el mismo cariño. Es toda una familia la que se ha formado en torno a la pelota.
La lucha es siempre la misma: contra la carencia de medios y el desinterés. El año pasado tuvimos que hacernos cargo nosotras de pagar un médico y un policía, porque en el club no había un peso, cuenta resignada Débora Abrigo, una de las jugadoras más representativas.
Las camisetas también son un problema. “Tenemos un juego bastante nuevo que nos regaló Olan, un viejo sponsor de los varones, pero es de manga corta. Por eso en esta época utilizan otra de descarte”, relata Saavedra mientras Débora se divierte detrás suyo pensando que quizás ese juego de camisetas lo usó Pinasco”, un goleador de los '70. Además, el campeonato empezó hace cinco fechas y ellas -en la Primera- ya habían perdido los puntos ante Laferrere, porque estaban resembrando la cancha y la AFA no aceptó reprogramar el partido. “A River y Boca los tratan distinto, en cambio a nosotros no nos perdonan una, se queja el dirigente.
La preparación física y la dirección técnica son otro tema que el club dejó librado a la buena voluntad de algunas personas.
“Me acerqué hace dos semanas a dar una mano, lo hago gratis, porque me gusta y las chicas me caen bien”, cuenta Fernando Pucheta, de Ituzaingó, empleado de una empresa telefónica, arquero por vocación y entrenador improvisado.
A su lado, trabajan dos profesores de Educación Física que arrimó la Municipalidad de Morón. Se trata de Víctor Campagnoli y Juan Sala, quienes desarrollan otras actividades en el Gorki Grana, pero se hacen un tiempo para entrenar al equipo. “El sueldo lo cobramos del Municipio, que entre otras cosas nos encargó que las ayudemos, por  eso entrenan en el predio” dice Campagnoli, mientras acomoda unos conos en la semipenumbra de la cancha del fondo, la última. Como el famoso orejón del tarro. Pero a ellas no les importa. Le ponen ganas y pasión al equipo. Son las Gallitas del Deportivo Morón. Que a nadie se les ocurra decirles gallinas…

 
Alejandra y Débora.
 

LAS LEONAS

Si hay un símbolo que represente el sacrificio que hacen las chicas del Deportivo Morón, ése es Alejandra Bravo. Con 40 años a cuestas, casada y con tres hijas (me salieron todas chancletas y ninguna futbolera) no falta nunca a un entrenamiento. “Juego al fútbol desde los 12 años. Lo hacía en la escuela a la par de los varones, recuerda con orgullo que es una de los marcadores centrales, próxima a ser abuela. A su lado, asiente y escucha su socia en el área propia, Débora Abrigo de 27. Es casada, tiene dos nenas, y su físico impone respeto. “Y sí, somos un poco ásperas, pero en nuestra posición hay que meter fuerte la patita”, dice.
Alejandra es de Morón y trabaja limpiando casas ajenas para engordar el magro presupuesto familiar. Débora, en cambio, confecciona ropa deportiva que luego vende por su cuenta. Coinciden en sus gustos futbolísticos (Boca y Morón, a muerte, afirman) y en un marcado retroceso posicional en la cancha. “Yo era volante ofensivo -dice Alejandra-, pero a medida que me fui poniendo viejita me mandaron para atrás”. Es el caso de Débora, la razón fue que “pateaba muy fuerte y entonces un técnico que tuve en All Boys, me dijo que dejara de ser delantera y juegue en la defensa, para poder sacar el equipo del fondo con los pelotazos”. Historias de fútbol… y de mujeres.